Murmullos en la nieve

Eran cuatro amigos. Caminaban temblorosos entre la nieve y el hielo. Sus pasos los habían llevado hacia la costa, buscando algo de calor. Pero incluso el mar estaba congelado.



Buscando, quizá, algo de leña, o quizá un cobijo entre los árboles, se alejaron de la playa y se adentraron en el bosque que la rodeaba



La mortecina luz del Sol apenas bastaba para iluminar su camino… y calentar su ánimo



Allí estaban ellos, uno detrás del otro, caminando, charlando, intentando olvidar el frío de cualquier forma.

De repente, en un camino secundario, algo se movió. La primera de la fila señaló el lugar y se desvió por aquél sendero. El resto, fue detrás.

Pronto advirtieron la presencia de unas pequeñas vallas de madera a ambos lados del camino.

También observaron unos movimientos rápidos, marrones y… ¿peludos? entre valla y valla.

- ¿Qué es eso?

Pronto, los movimientos fueron a más. Las ramas de los pinos más cercanos al camino comenzaron a bambolearse, como si algo o alguien saltase sobre ellas. Y después, se escuchó un sonido gutural, como de un pequeño animalillo enfadado.

Los nervios estaban a flor de piel: muertos de frío, asustados, y sin poder pedir ayuda porque no había nadie por allí y además desconocían el idioma local.

Cada vez se escuchaban más y más gritos y gruñidos, y las ramas se movían frenéticamente. A todos les dio un vuelco el corazón cuando una de las amigas chilló espantada:

- ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!

Y se quedaron estupefactos cuando terminó la frase con un:

- ¡Esa ardilla me está mirando mal!

Efectivamente: habían ido a parar a una especie de comuna de ardillas. Por lo visto pasaban juntas el invierno, y estaban acostumbradas a la presencia humana. No huían, se limitaban a observar.

Aquí tenéis algunas de las instantáneas que logré tomar tras el “susto” inicial

Algunas parecen simpáticas, trepando, husmeando, observando… Aunque hay alguna con pinta de estar cabreada.




Primavera!!!

Con esta sencilla foto, y con algo de retraso, desde Nada Communis queremos darle la bienvenida a la estación más florida del año.

¡¡¡Feliz primavera a todos!!!


Barnaclas canadienses

El pasado diciembre pusimos rumbo a las lejanas tierras de Finlandia, concretamente a Helsinki, para dirigirnos en busca de una buena amiga que se nos había “extraviado” en un ERASMUS.

Lo primero que me sorprendió fue la amabilidad de la gente. Fuera de todo tópico que afirma que “los del Norte son unos secos”, los fineses parecían simpáticos y bastante abiertos.

Lo segundo que me sorprendió fue el “buen tiempo”. Vale, a las diez de la mañana el sol todavía no brillaba muy alto (de hecho en alguna ocasión nos dormimos pensando que serían las siete de la mañana) y a las cuatro y media era noche cerrada. Pero la temperatura solo cayó a -4ºC, un tiempo bastante cálido para las fechas que eran. “En Teruel ha hecho más frío”, me aseguraron al volver.

Y la tercera sorpresa fue la excelente conservación de los espacios verdes, aún al lado de la misma ciudad. Visitamos un bosquecillo nevado, repleto de pinos y con gran afluencia de visitantes. Aun así, no había rastros de ningún residuo, la gente paseaba en silencio y había una gran diversidad de aves. Aquí, una muestra:



¡¡¡Y entre la multitud, Collverds!!! (Ánade real o Anas platyrhynchos) Con lo calentitos que estarían en L’Albufera de Valencia…

También había presencia de córvidos extraños que yo no conocía, que lo vigilaban todo desde las rocas



Pero de todas las que vi, sin duda la especie que más me fascinó fue la barnacla canadiense, Branta canadensis. Porque no la conocía, por su enorme belleza y por su descaro al acercarse sin miedo a reclamarnos el almuerzo… y la forma orgullosa en que se marchó, levantando el cuello, graznando y agitando la cola, al obtener una respuesta negativa. ¡Lo siento amiga, yo también tenía hambre!