Esto es lo que pasa cuando pasas muchas horas a la semana en el tren... acaba por llamarte la atención hasta lo más simple.
Hace unos días me topé con un cristal roto, y aproveché para tomar esta instantánea (no esperéis una gran calidad... es del móvil. Debo volver a recuperar la manía de llevar una cámara conmigo, aunque sea una patata)
Visto lo visto, incluso los rotos, como las cosas difíciles de la vida, nos dejan regalos hermosos.
