Reflexionando, meditando, encontrando el camino a la luz del crepúsculo


A veces, la vida te da sorpresas poco agradables.
En ocasiones, lo que tenía que ser ya no es, y te quedas sin saber muy bien qué hacer.
O puede que descubras que aquello que te habían contado no se ciñe, ni por asomo, a la realidad. Y sientes que te han engañado. Y crees que ya no puedes confiar en la gente.
Ocurre que algo o alguien en quién confiabas se desvanece, y un enorme hueco, un negro vacío pasa a ocupar su lugar.
Pasa que sabes lo que se espera de ti, pero también sabes lo que te dicta tu corazón, y son aspectos irreconciliables.

Todo esto es posible, todos hemos pasado por ello y a nadie le hace feliz.
Sin embargo, la vida también tiene la capacidad de rodearte de gente maravillosa, de oídos listos para escuchar cada palabra, de labios que formulan sabios consejos y de brazos que te rodean en un confortable abrazo.

Con toda la información puesta en su sitio, con todas tus ideas expresadas en tu interior y al exterior y con todos los consejos resonando en tu memoria, lo mejor es partir hacia un remanso de paz y de calma. Y reflexionar, meditar y encontrar tu camino con toda serenidad, sin agobios, sin nadie que interceda por ti. Permitiendo que el crepúsculo, con su suave y envolvente luz, te tranquilice poco a poco, hasta que suavemente llegue la noche y con ella tu descanso.

He aquí un crepúsculo filosófico, por si alguien necesita reflexionar y no puede salir al mundo natural a hacerlo.
Funciona.
















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